Hola amigos



En este espacio diré algunas cosas mías y ustedes después de leerlas o escucharlas, pueden comentarlas. Es un lindo modo de lenguajear. Un abrazo. Néstor Soria


sábado, 25 de febrero de 2012


                        


                 EL CONTRABAJISTA
                                                                Poema de Néstor Soria
           
                                    
                                               Ilustración: Cáceres Boo - año 1993

Alfredo Carrizo sabe
que ha de zambear en la siesta,
cuando le suelte las manos
el capataz del Baviera,
y antes que suenen los pitos
echa a volar su cabeza,
hurgando en el instrumento
que su camisa le presta.

Con un vinito fiado,
prolijo sobre la mesa,
estira un papel de estraza
donde canciones encierra
y el contrabajo que pulsa
(de corpulenta madera)
eructa en la galería,
redondo de cosas viejas.

De tanto yaparle al fuelle
el vozarrón que le falta,
Alfredo Carrizo siempre
lleva una nota atrasada,
pero con negro registro
gruñe su boca cerrada,
y esa maestría cuerpea
lo que las cuerdas se tragan.

Herencia de no sé dónde,
esa crecida guitarra,
a veces parece un perro
que a su costado descansa
y le sostiene la silla
con negro lomo de tablas,
en cuanto Alfredo Carrizo
se desafina en la macha.

Cuando le suelta las manos
el capataz del Baviera,
Alfredo Carrizo sube
contrabajista en las fiestas.

jueves, 26 de enero de 2012

CANCIÓN DE LA CONANA

CANCIÓN DE LA CONANA 

                                                                                    
                                                                         Letra: Néstor Soria
                                                                         Música: Bruno Arias

 Junta tus dedos, haz como un nido
como quien forma un cuenco,
llénalo de agua,  ponle comida,
o unos granitos sueltos.

Hubo una piedra, como tu mano
hecha para dar vida,
es la Conana, la raspadora
de la semilla antigua.

Ella fue madre que le dio modo
al moledor mortero,
y al balanceo de brazos indios
alimentaba pueblos.

Overa piedra raspada
media lunita del patio,
quirquincho puesto de antarca
pancita que se ha gastado.
Ya está madura la quinua
deme a probar su bocado.


II
Tiempos pasaron, tiempos se han ido,
nadie más la ha nombrado,
los ojos nuevos miran en ella
un guijarro cavado.

Otros confunden cuando aseguran
que entre el río y la arena,
en ese huayco nacían los hijos,
le dicen paridera.

Pocos conocen cuál es tu origen
‘rumi cuerpo de ampatu,
que las deidades te sean propicias
para tu sueño largo.

Overa piedra raspada
media lunita del patio,
quirquincho puesto de antarca  
pancita que se ha gastado.
Ya está madura la quinua
deme a probar su bocado.





martes, 24 de enero de 2012

LA PALABRA EN RIESGO


Congreso de Escritores del NOA. Salta - 13, 14 y 15 de junio de 2007.

Literatura viva III

 Ponencia de Néstor Soria (Poeta) - Tucumán -



Noroeste Argentino - ¿La palabra en riesgo?

Cuando el poeta Jesús Ramón Vera me pidió el nombre de la ponencia que desarrollaría en este Congreso de Escritores del NOA. Salta - Literatura Viva -, me apuré a arriesgar un título y trataré de ser respetuoso con él.

El interrogante que formulo ¿La palabra en riesgo? no debe inquietar. Tampoco se tomen a estas palabras como a un discurso intolerante, alejado de la convicción de que “Es imposible no culturar”. 
Alguien dijo que “todo hecho humano es culturalmente culpable”. Y así es. Toda intervención, toda actividad, toda creación u obra humana nos aporta y nos remite a un contexto cultural. Lo importante es, ante el axioma, preocuparnos por tener claro: Qué es “lo cultural propio y qué es lo cultural ajeno”, único modo de conseguir una convivencia armónica con lo que nos llega, a modo de aporte, o, sutilmente, como infiltración foránea. Porque una cosa es culturar -o culturizar, como dice el castellano, lo que significa dar cultura-, y otra muy distinta es aculturar - hecho que equivale a imponer algo de un pueblo, supuestamente más desarrollado, en pos de inhibir lo cultural que encuentra a su paso -.

Permítanme esta corta reseña:

Desde la mitad del siglo XIX -1850- la Argentina, es decir el territorio virgen de entonces y sus incipientes poblados, comenzó a recibir a inmigrantes venidos hasta de los lugares más desconocidos del mundo, gente casi siempre expoliada de sus patrias, víctima de las guerras, sometida a la hambruna, a la pobreza y a otras inimaginables, por crueles, iniquidades que puedan inferirse al ser humano.
Aquellos hombres y mujeres, a veces impúberes, se diseminaron por doquier y, sueltos a su suertes,  se empeñaron en subsistir, tomando de la tierra sus venturosos dones, ordeñando vacas, o conchabándose como caballerizos en estancias conseguidas por algunos “Don”(*), desde la irrupción de la Junta de Temporalidades -Tribunal dueño a voluntad, de muchos campos y bienes enajenados cien años antes del siglo mencionado arriba-.
Así es como nuestro noroeste se colmó de almas y voces diversas que con el correr del tiempo formaron, con los criollos, la amalgama de costumbres, fiestas y fundamentalmente de palabras, que hoy pronunciamos como propias. 

(*) Don: Tratamiento dado en los siglos XVIII y  hasta en el XIX, a quienes poseían tierras y haciendas reconocidas.

Los aportes del fenómeno:

Esa inmigración, que luego misturó su sangre con los criollos, trajo cultura.
Y sin explayarme digo: Los españoles, en las comidas y vocablos; los italianos, en la arquitectura y en las danzas; los árabes, en los juegos de razonamiento y destreza, como el ajedrez, el taule o backgammon y  el polo, entre otros; pero, aunque menospreciados aquí, por considerárselos pocos apto para el crecimiento cultural, los árabes también aportaron literatura. 
Una crónica de 1951 dice que el pueblo de Tucumán fue uno de los primeros en conocer la obra de Gibrán Khalil Gibrán, experiencia ocurrida en 1915, cuando el diario La Gaceta comentaba la creación literaria del reconocido autor libanés.

Ahora les contaré de una experiencia propia:

 Hace un poco más de dos años, interesado en recoger los últimos tiestos de la vieja memoria barrial tucumana y ensamblarlos al presente, comencé a trabajar, junto a la paciente recopiladora, Ana Lía Madrigal, en lo que di en llamar: Memoria de los barrios   - hilvanando la historia oral y documental de los barrios tucumanos-, tarea que consiste en recopilar, puerta a puerta, todas las voces de los vecinos que descienden de aquellos pioneros -criollos, inmigrantes, o los surgidos de la mezcla-, con el propósito de rescatar vestigios del ayer y ligarlos a la actualidad de los conglomerados que conforman el enorme ejido capitalino de San Miguel de Tucumán. 
El resultado de tan grato quehacer es contenido en costosos libros, ilustrados con antiguas y nuevas fotografías color, impresos en papel ilustración, cosidos y, como debe ser, obsequiados a quienes los soliciten, por la Municipalidad de Tucumán, responsable de las ediciones comentadas.
La información volcada en esos volúmenes -ya se editaron dos de los cuatro narrados-, no sólo aporta apreciados recuerdos varios o rugosos rostros campesinos fotografiados, sino, también, giros idiomáticos, refranes, cánticos y frases -surgidos casi siempre en la antigua ruralidad-, y que en estas rastrilladas van aflorando, porque estoy convencido de sus correspondencias y  permanencias en el  habla tucumana.
Amigos que me escuchan: Lo que no se registra se pierde. He ahí donde, entre otras riquezas, la palabra entra en riesgo.

La palabra en riesgo:

Porqué otra razón me pregunto si la palabra está en riesgo:

El polisémico término CULTURA, del CULTUS latino que significa en esa lengua CULTIVO, encierra en su feraz vientre a una de las riquezas más aquilatadas por el humano: LA PALABRA. Ese elogio de cotidianidad del que hacemos uso, a veces, como un natural reflejo bucal entonado en mil colores, digo, tonos, por unos ligamentos laríngeos.
Pero realmente, ¿Qué es la palabra? ¿Acaso un sonido gutural exhalado como un viento?, o es aquel cántico que hilvana, sílaba tras sílaba, un pensamiento profundo, un sentir acendrado, una copla de preferencia, un poema que moviliza, o el paciente ABC de la enseñanza al desinstruido.

¿Y el conversar?...

Humberto Maturana, en su tratado “El árbol del conocimiento”, dice:
-Nosotros, seres humanos, acontecemos en el lenguaje, y acontecemos en éste como el tipo de sistema viviente que somos... Lo que vivimos lo traemos a la mano en el conversar, y es en el conversar donde somos humanos...-

A ser cuidadosos:

Ahora bien, cada región y desde ellas, cada pueblo - aunque lo que voy a decir resulte casi obvio - suma al mosaico cultural del país su idiosincrasia, y una de esas manifestaciones palpables es el habla.
A esto agrego: Pero el habla que a cada uno le corresponde, no la que es importada como una mercancía para ser usada.
Y cuando digo mercancía importada, no me refiero solamente a la que nos llega de afuera, sino también, a la que dentro de una provincia trasladamos sin cuidado.

Por dar un ejemplo cercano:

Aquí, en el noroeste, una maestra de ciudad se dirigirá a un alumno diciéndole: Usted, alumno tal; mientras que en las escuelas rurales, llanistas o cerreñas, una docente seguramente le dirá a su educando: M’hijo, o, más cariñosamente, m’hijito. Las dos conseguirán su cometido, o sea, la atención del alumno, y cada uno de ellos sentirá, a su modo, el llamado que recibe. Ahora, ¿Qué pasa si invertimos los campos y trasladamos a las maestras o a los alumnos? Es posible que el choque lingüístico cause, en el de la ciudad, risas cuando lo llamen m’hijito, y en el otro, al escuchar: Usted, alumno tal, como un rígido distanciamiento, casi como una reprimenda, por escuchar ese trato que no le es familiar.
Porque cada escenario es particular en sus modos y expresiones. A eso es contraproducente modificarlo, diría que dañino.

La provincianía que nos cimenta y nos contiene debe preservar  muy bien -a la vez que ordenadamente- su valioso arcón de vocablos; en esa petaca -término azteca modificado por el castellano- está una buena parte de nuestra identidad.


Amenaza de allende los mares:

Desde hace muchos años dependemos de las normas que dicta la Academia Española, sociedad de literatos fundada para ocuparse de los vaivenes del idioma que usan todos los pueblos de habla castiza, o mejor castellana.
Cuando abrimos sus diccionarios y vemos que en ellos figuran términos de hechuras regionales o locales de la América del Sud,  muchos de nosotros nos alegramos, pues, a nuestro parecer, ocupan un sitio bien ganado en esas páginas.
Pero, en el transcurso de este año, o quizás a fines del anterior, un grupo de europeos hispanos-parlantes, se mostró afligido por la extirpación de siete mil palabras de las hojas de los diccionarios que la Academia Española publica. Y esa aflicción tuvo tal grado, que lanzaron al mundo un llamado de alerta e invitaron a rescatar de la desaparición a esos vocablos, como si se encontraran  condenados a muerte. En las páginas de varios correos electrónicos sembrados al voleo por el planeta, estos salva-palabras (como salvavidas) proponían lo siguiente: El fijarse si el término de nuestra preferencia había sido borrado, anotarlo en un correo, y luego mandarlo a sumarse a la larga lista de palabras rescatadas. El premio para quienes lo hicieran  era, ni más ni menos, que ser nombrado padrino protector del vocablo rescatado.
Con tristeza les informo, a quienes no estén enterados, que una gran cantidad de esos vocablos sustraídos, gozaban de
nuestro aprecio en la América del Sud. Me imagino que de ese relevamiento saldrá el reclamo a los académicos responsables de nuestros glosarios o diccionarios. Mi intención era rescatar la palabra “pelela”; por distraerme en hacer unos pesos para mis necesidades básicas, el plazo de recepción se venció y no llegué a tiempo. 

Sobre las tonadas:

Un poco más atrás en el tiempo, les pediré que hagan memoria para recordar cuando el Iser (la escuela de locutores), desbastó las tonadas de las voces de aquellos a los que forma en ese oficio. Lo conseguido: De punta a punta del país los locutores entonan de la misma manera. Esa pronunciación, ajena al oído familiar de cada pueblo, invalida, en el oyente, la posibilidad de imaginarse como voz parlante en los medios.
De igual modo la televisión argentina, haciendo uso de un habla neutra, se convierte en el único trasmisor de tan insulso código lingüístico. A esa extraña tonada, nacida de una especie de gen  híbrido, estamos expuestos todos los que provenimos de la sangre del país. La desvalorización del habla, de continuar esa absurda política de aculturación, era inminente. Con toda suerte eso ha sido modificado, aunque el tono persiste -. 

Pero todavía tenemos de qué preocuparnos.

¿Cuál es el léxico y cuál la tonada que usamos últimamente en el Noroeste Argentino? ¿Las que aprendimos de las bocas antiguas, aquellas amadas voces que nos enseñaron a deletrear palabras?
No. Mal que nos pese pero algo se modificó.
¿Acaso alguien camina al tun-tun, o anda bolia’o? Esas expresiones que alguna vez fueron nuestras, hoy están tapadas por la asimilación de un argot urbano -digo, lenguaje o jerga convencional- , que, disculpen, yo no conozco. Aunque a veces escucho y entiendo aquello de estar mambea’o, o, pasa’o... Pero esa inestabilidad tiene más que ver con una rinoscopia.

Y algo más afligente aun:

Nuestros jóvenes del norte, ni bien llegados a los centros urbanos, buscan, al principio esconder, y luego borrar, sus hablas y tonadas de origen, triste ardid que los salve de la burla afrentosa.
Sé de muchachos aborígenes que niegan sus lenguas, eso pasa con correntinos de la zona guaranítica; con santiagueños quichuistas; con tucumanos cerreños, que aun mantienen almibarados términos del Kakán; con salteños y jujeños, que mezclan castellano con quichua y aymara; o con changos mocovíes. ¿El motivo?... el estar convencidos de que el hablar sus lenguas los coloca en un estrato inferior.

Hace un par de semanas leí un artículo donde alguien aseguraba que nuestro idioma de cuna, aquí, en el  noroeste, no sufre con los embates foráneos, y que al contrario, se enriquece. Que el habla es como el agua que va y viene.
Amigos, no sé cómo se llegó a esa conclusión.
Nuestros giros idiomáticos, nuestras frases hermosas y pueblerinas, nuestras tonadas provincianas, son usadas burlescamente en las grandes urbes. Los sainetes u obras cómicas cortas, que se elaboran en Buenos Aires y se refieren a las provincias del norte, muestran absurdos gauchos, campesinos mal vestidos y sirvientas guasas, todos mal hablados. Dos componentes inaceptables para la identidad que sostenemos. No entiendo que así se pueda valorizar algo. Entonces, no nos engañemos y que no traten de hacerlo: Seguimos siendo, para muchos, “cabecitas negras”, no sólo en el aspecto, sino, en lo cultural. Es en ese punto donde no veo que el agua cultural vaya y venga.

Más adentro, aquel artículo dice textual: “Mientras el venturoso castellano vierte sobre nosotros océanos de información por procesar y de libros por leer...
No hay dudas de que el cronista pergeñó el escrito para sus pares, o para una clase social pudiente.
Nuestra gente, nosotros mismos, aunque asistimos a este Congreso, en muchos casos no podemos acceder a un procesador, tampoco a la compra de libros.
Amigos, la mayoría de las escuelas enclavadas en el Noroeste Argentino ni siquiera tienen luz eléctrica, y en sus bibliotecas reposan, como seniles abuelos, unos compendios vencidos por el tiempo, desactualizados de las nuevas fórmulas y formas educacionales o instructivas. 

¿Recuerdan cuando en la ciudad de Rosario, en el Congreso de la Lengua, se reunió lo más graneado de la literatura y el habla hispana? Entre otros objetivos, los estudiosos le hicieron un homenaje al Quijote y a su autor - merecido reconocimiento, por supuesto -.
Si hacemos un poco más de memoria sobre ese acto, vendrá hacia nosotros la imagen de un numeroso grupo de descontentos de la América del Sud, por no poder participar e insertar sus pensamientos, expresados todos en hablas de sus pueblos, idiomas -¡Porque terminemos ya con aquello de dialectos¡- idiomas digo, que nunca fueron considerados como tales desde 1492 y tampoco por los académicos de hoy. O sea que en este mundo todavía hay pueblos de primera que poseen “La Palabra” y pueblos de segunda, muchos de ellos nuestros, que por hablar distinto, fueron callados antes y no serán escuchados en estos días.

A esos mismos eruditos de la lengua se les ocurrió juntarse ahora en Medellín y Cartagena de Indias. ¿El motivo según ellos? Ocuparse de los asuntos del hablar, hacer un homenaje a Cien años de Soledad - como si los millones de lectores que gozan con ese hermoso libro no vivieran homenajeándolo a él y a su autor – y tratar otras cuestiones que nunca promocionaron.
Pregunto: ¿Era necesario el reunirse en el pueblo con mayor grado de analfabetismo de Colombia? ¿No es un golpe a la dignidad humana? ¿Acaso al finalizar sus reuniones se volcaron a las calles para sembrar algo de lo tratado?.
Aunque algunos disientan conmigo, los muchachos se fueron a tomar sol en la costa del Mar de las Antillas.

Y entre tanto Congreso de la Lengua ¿Alguien supo de una mención, aunque sea al pasar, al maravilloso Popol Vuh, ese Libro de los Consejos de autor anónimo, hallado en nuestra  América del Sud allá por el siglo XVI? Daré la respuesta por todos nosotros: ¡No!

Ante tanta palabra dicha por mí, ¿Dónde está ella comprometida? ¿Porqué hablo de riesgo?
Todos los rincones de la Argentina, hasta los más visibles, siguen expuestos al germen de la malsana globalización. Y ese germen es doblemente nocivo para los pueblos de las comarcas relegadas. No estoy de acuerdo con aquello de que “lo que se globaliza es el mercado y no las personas”. Cosa dicha como si los efectos no golpearan al ser humano. 
Nosotros, ya desde las funciones del estado-gobierno, ya desde la docencia más básica, ya escribiendo un simple poema o narrando las historias cotidianas, tenemos la llave para bloquear el ingreso de lo contaminante.
Somos herederos de un idioma enriquecido, tanto por el castellano, como por todas nuestras lenguas locales, sud-americanas.
No cejemos, más bien empeñémonos, en custodiar celosamente esto que nos atañe tanto: Nuestro propio idioma, nuestros giros idiomáticos, nuestra palabra noroestina. Así no andaremos al tun-tun, como guanaco bolea’o.  

jueves, 8 de diciembre de 2011

Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen

Letra: Néstor Soria
      Música: Julián Humarán

                                            





He de llegar con el alba – Patrona Mía-                                         
soy promesante afligido – llagada el alma -
los dones de tu piedad – vengo a buscar, vengo a buscar –
ya mi quedado sin nada.
Tu escapulario guardé – porque con él, porque con él-
me habrás de reconocer.


Traigo ampolladas mis plantas – a la miseria -
pero no duelen heridas – sangro por dentro-
los pobres somos así – y frente a ti, y frente a ti-
se alivian nuestros tormentos.
penando el año cabal – si lo sabrás, si lo sabrás –
madrecita de bondad.

2º parte

La procesión que me espera – ya me imagino –
con bombo y tiras de “cuetes” – medio machalo –
el padre  cura  dirá – plegaria aquí, plegaria allá –
con un rosario en las manos,
y un coro desafinao – bien llorisqueao, bien llorisqueao –
responderá emocionao.

De las campanas ya escucho – como un latido –
el sol despierta en el monte – me apura el paso –
y al acercarme a tu altar – ganitas dan, ganitas dan –
de ser más bueno que un santo
y que me pida tu voz – por pecador, por pecador –
llevar la cruz del Señor.

Estribillo


Te cargaré en angarillas – como quien lleva –
un tesorito encontrado – por los caminos –
y el rezo  más secular – te dejará, te dejará –
mi boca de peregrino,
el que un abuelo de ayer – nombrando a  Dios, nombrando a  Dios –
me puso en el corazón.

Un comentario: Promesar. Única salida esperanzada  que le queda al pobre. Y si no, explíquenme las miles de almas en Catamarca (Virgen del Valle), San Nicolás (aparición de la imagen), el fenómeno anual de Luján, San Cayetano (en todo el país), Mailín (en Stgo. del Estero), La Merced (en Tucumán) y las otras, las santificaciones populares diseminadas por ahí. 




domingo, 20 de noviembre de 2011

Retratos de familia


           
                                             

           Madre gringa
                                           Néstor Soria

     En un barco de carga y polizontes
     escapando al temor de tanta guerra,
     padres gringos en busca de horizontes
     a vivir te trajeron a esta tierra.

     Afincada sobre estas mansas costas,
     aprendiste a valorar el nuevo suelo,
     y el trabajo volvió tus manos toscas
     junto al horno, la leña y el mortero.

    Correteamos tu patio cuatro niños
    y fue luz de cuidado tu desvelo,
    cuatro panes que hoy alimentan hijos
    aprendiendo a volar desde tu vuelo.

    A pesar del celeste de tus ojos,
    el cobrizo de esta provincianía
    fue cubriendo tus brazos y tu rostro
    con el duro trajín del mediodía.

    Ya no está ni el rubial de tu cabello
    lo de gringa ha quedado muy lejano.
    Largos años borraron el acento
    que en tu lengua sonara tan extraño
    y el idioma sencillo de este pueblo
    por tu boca se ha vuelto cotidiano.
































Retratos de familia


ARRULLO POR VALENTINA BORDÓN
                                                                        Néstor Soria

En los brazos, dos ríos con su arcilla en descanso,
entroncadas las manos en vaída pollera
Valentina dormita en lo umbroso del palto
y es un lienzo pintado a tras luz de la siesta.

Un pañuelo de lino le encollara los hombros,
le dibuja la curva de su espalda indecisa.
Canta el ave y un cielo que es manta celeste
se la lleva muy alto a soñar con el clima.
El sopor que la embarga vaporoso a coyuyos
le invalida los ojos, le fomenta un respiro
y de pronto la asalta suave dejo de infancia,
se acurruca a su padre, sin marido y sin hijos.

Se recuerda la niña de rodillas raspadas
y también esa moza que inspiró las endechas,
aquel sí dicho a medias al Oscar Ceferiano 
Madrigal, de pinceles, de colores y letras.
Pero el tiempo es finito, lo trasunta su pelo
que es de cuarzo llovido por antiguas tormentas
y un derrumbe de siglos va en su rostro criollo
aunque un sol remansado le prodigue la siesta.

Si pudiera señora, como Santa, dormida,
aventar su retiro con mi verso, bajito,
a lo umbroso del palto volvería la vida
remojada la arcilla de sus brazos de ríos.

(Poema musicalizado por Mario Díaz, con pulso de canción)



Francisca Valentina Bordón nació del matrimonio de Isabel Gómez y  Cruz Bordón, el 11 de marzo de 1925 en el pueblo de Medinas, al sur de la provincia de Tucumán. Al morir su madre, muy joven, se hizo cargo de la crianza de sus pequeños hermanos, Roberto, Alberto y Enrique.
La infancia y adolescencia de ‘Tina’, cariñoso diminutivo familiar, fueron de extrema pobreza. Alguna vez les contó a sus allegados que para poder subsistir debía ayudarlo a su padre en los quehaceres del campo. Así la vieron veranos e inviernos con sus inclemencias, cosechando y sembrando entre los surcos, las más de las veces con su cuerpito embarrado y aterida de frío.
Convertida en una mujercita, cierto día Valentina decidió buscar una vida mejor. Es por eso que se arrima a la ciudad de San Miguel y consigue emplearse como doméstica, única tarea de la que sabía algo.
Y en esa situación es que la conoce Oscar Madrigal. Las compras diarias que ‘Tina’ realizaba en el Mercado del Norte, eran por encargo de sus patrones.

'Madrigal ya cumplió 36 años. Su vida hasta hoy disoluta y relajada está intentando corregir el rumbo. Es que desde hace unos días ve pasar por la puerta de su taller, asiendo una bolsa de mandados, a una espigada morena que lo inquieta. Quién es ella se pregunta, mientras sus manos estrujan nerviosas el mameluco blanco, prenda manchada de tantos colores como su usada paleta.'

No sabemos si Madrigal usó sus ‘artes donjuanescas’ para atraer a ‘Tina’ o si ambos se flecharon. Pero quienes conocieron al pintor y observaron su diestro manejo de los asuntos con las féminas, no tienen dudas de que esta vez desplegó toda su ‘artillería’.







Cuenta Hermelinda Gómez, prima hermana y amiga de salidas de Valentina, que un fin de semana ella le confesó estar saliendo con un morocho llamado Oscar;  que esa noche vendría a buscarlas a ambas para ir a bailar. Al llegar la hora prefijada, recuerda que de un lujoso coche a caballo descendió Madrigal luciendo un impecable traje blanco y con gestos caballerescos, las invitó a subir. También comenta que antes de encaminarse al baile, al  Parque de grandes espectáculos, el auriga los hizo pasear por el centenario parque 9 de Julio.
Así comenzó la relación que poco tiempo después, 1949, se transformó en el matrimonio Madrigal-Bordón.


El primer domicilio de la pareja estuvo en la calle gobernador Celedonio Gutiérrez 1ª cuadra. Allí le nacieron dos hijas: Matilde Isabel, el 14 de Julio de 1950 y Ana Lía, el 12 de mayo de 1954; pequeñas que fueron bautizadas en la iglesia Nuestra Señora del Carmen, en plena Villa 9 de Julio.
 Ni bien sus hijos comenzaron a balbucear las primeras palabras y endurecieron sus pasos, doña Tina se inscribió en una academia de Buenos Aires - Academia Teniente - desde donde por correo comenzaron a enviarle, paso a paso, las lecciones que la instruyeron en el arte de, trazar moldes, cortar telas y realizar costuras; enseñanza por la que recibió, el 18 de abril de 1958, su título de Profesora de corte y confección.

Este aprendizaje le valió para coser la ropa y los disfraces de sus niñas.
Pero no se conformó con hacerse de un oficio. Aprovechando que la casa tenía un salón en el costado, cierto día le dijo a su marido que ella abriría una despensa. Madrigal, lejos de argumentar palabra en contra, se puso a organizar para el día de apertura del emprendimiento,  lo que a él más le gustaba: El show popular.

De memoria alguien cuenta:   

-Granja ‘La pequeña’ -de un poquito para todos-  abrió en 1961. Era un negocio muy surtido que vendía desde helados hasta vestidos; desde agujas hasta pollos y perfumes.
La inauguración fue algo único y sorprendente para el barrio. Oscar Madrigal
hizo extender una pantalla que cubría todo el ancho de la calle Bolivia y llevó a un amigo suyo, quien proyectó películas de acción y las aventuras de Tarzán. Para que los vecinos se sintieran cómodos, en la vereda distribuyó mesas redondas con sillas, todo adquirido en un remate de un bar cerrado en el parque 9 de Julio. Contrató a ‘Avelino y su conjunto’ y para finalizar ofreció un espectáculo de fuegos artificiales. La gente se agolpó en esa calle desde la Monteagudo hasta la Balcarce.
Granja ‘La pequeña’ funcionó durante 10 años.

Oscar Madrigal falleció el 30 de septiembre de 1984, a los 71 años.
El hijo menor del matrimonio Madrigal-Bordón, Rodolfo Oscar,  fue pintor letrista como su padre murió el 14 de febrero de 1993. 
Francisca Valentina Bordón de Madrigal nos dejó el 27 de febrero de 1996.


martes, 15 de noviembre de 2011

Al paraje “Cruz de Yampa” en Anfama - Tucumán


MERCEDES YAMPA 
                                                             Letra: Néstor Soria
                                                             Música: Topo Encinar

Trepada fiera, puro silencio
es esta huella que lleva a Anfama,
como un abuelo me cuenta el río
de cuando vio a don Mercedes Yampa,
envuelto en niebla, chispia’o de vino
desbarrancarse al pechar el abra.

Diz que volvía de alguna minga
mientras la tarde sangraba ocaso,
su coca triste jedía a bagualas
y era una sombra su poncho aguayo,
sueltas las riendas de la sillera
falsió la senda y se vino abajo.

Nada se supo de don Mercedes
sólo la clara del nuevo día,
mostró osamenta su cuerpo yerto     ESTRIBILLO (1)
y un acullico sangre y saliva.
Destino incierto pechar dos nubes
una de vino, la otra neblina.
II
Voces ruidosas de unos pastores
desparramaron por todo Anfama,
la triste suerte de aquel viajero
tieso en el fondo de una barranca,
corrieron mentas y hasta se dijo
que el mismo diablo cobró su alma.

Se oyó el gemido de una muchacha
que estuvo en vela toda la noche,
alimentando con su deseo
ardientes sueños junto a aquel hombre
y por no verlo como difunto
se hizo corzuela pa’ medio el monte.

Trepada fiera, puro silencio
es esta huella que lleva a Anfama,
junto al abismo han cruza’o dos palos      ESTRIBILLO (2)
fuertes maderos de antiguas Arcaj,
ahí verá gente que se santigua
porque divisa la Cruz de Yampa.